lunes, julio 06, 2009

En camisas de once varas

Hay que ver lo osados que somos cuando desconocemos las cosas. Uno se acostumbra a lidiar con Zéfiro en las aguas del Egeo y se cree con derecho a ponerse las dos charreteras.

A ver como me las arreglo ahora con la fragata en medio de una tormenta del Atlántico. Me he acostumbrado tanto a navegar igual que se me ha olvidado como capear temporales. De momento, creo que voy a tener que quitar trapo, que acabo de escuchar crujir el de trinquete y lo que me faltaba es quedarme desarbolado con la que está cayendo.

Ya veremos como salgo de esta...

... Contramaestre, ¿como decia usted que se pone una fragata al pairo?

Que coño, y que nos quiten lo bailao.

jueves, abril 30, 2009

Honra a tus mayores I - Temístocles de Atenas

Gloria y honor a los hijos de Esparta.

Todo el mundo recordará a los trescientos de Leonidas, pero ¿Quién se acordará de los que combatimos en Artemisión?

Ellos luchaban por el honor, por ganarse un hueco en la memoria del mundo, por el título de heroes. Pero no era Esparta el fruto que quería engullir Jerjes.

Nosotros luchabamos por Atenas. Por nuestras mujeres e hijos, por nuestros sueños y nuestra historia.

Ahora ponemos proa a casa esperando llegar antes de que el ejercito persa solo nos deje el espectaculo de la derrota, la muerte y la destrución.

Vamos a despedirnos de lo que amamos, de lo que somos. A recoger el trofeo del perdedor.

Temístocles de Atenas. (Atenas, 525 A.C. - Magnesia del Meandro, 460 A.C.)
Marino y político.

N.d.A.-

En los preliminares de la batalla de las Termópilas, la flota ateniense, al mando de Temístocles, utilizando como base el puerto de Artemisión, en la isla de Eubea, detuvo e impidió que el ejercito de Jerjes recibiese apoyo y suministros por mar.

Tras la derrota de los griegos, el ejercito persa se dirigió a Atenás arrasandola y ejecutando a todos aquellos que habían permanecido en la ciudad.
Poco tiempo después, la flota ateniense en una operación bien planificada consiguió atrapar a la flota persa en aguas adversas y vencer claramente en la batalla de Salamina.

Esta victoria griega obligó a Jerjes a retirar su flota al Helesponto y privó al ejercito de tierra del apoyo y los suministros que necesitaban para la campaña de conquistar Grecia. Poco después, en las batallas de Platea y Micala, Persia sufrió importantes y decisivas derrotas que le obligaron a abandonar Grecia dando por perdida la guerra.

viernes, abril 03, 2009

Lecciones

Todo marino sabe que es conveniente tener el viento del lado correcto. Puedes empeñarte y hacerlo de otra manera, e incluso tratar de demostrar que contra corriente también puedes llegar.

Es curioso, lo llevo intentando toda mi vida, pero hasta que no he intentado mear por la borda no me he dado cuenta del por qué de esas lecciones.

martes, marzo 17, 2009

Honra a tus mayores

Cada cierto tiempo, en noches especiales, tengo la fortuna de contar entre mis invitados a un viejo fantasma. Aparece sin más en mi camarote, se enciende una pipa y cortesmente prepara de beber para los dos.

No sabría decir por qué, pero nunca le tuve miedo. Simplemente apareció, y ocupó su lugar en mi vida.

En su última visita, entre calada y calada a la pipa, y tras criticar mi pésimo gusto eligiendo tabaco, me recordó a cierto marino del que le hablé una vez. Y me sugirió que brindasemos por él, y por tantos otros que antes de nosotros habían luchado contra el mar y de los que tanto habíamos aprendido. Tras el brindis, y justo antes de desvanecerse, me susurró "Honra a tus mayores, recuerda sus hazañas".

Por cariño a mi fantasma, pero sobre todo , por respeto a esos marinos, intentaré honrar su memoria, y revivir sus aventuras.

domingo, marzo 15, 2009

El Dorado.

Tengo la vista nublada de tanto mirar las cartas. Se que está ahí, perdida en medio del océano, pero no aparece en ninguna parte.

No sabría calcular el tiempo que llevo estudiando estas cartas, sabiendo que la isla está. Debe haber algún error, cuanto más miro, más me desespero, más me obsesiono con los tesoros que cuentan los que una vez oyeron contar a un marino que compartió rol con el timonel del barco que llevó la caja.

No me cabe duda de que el tesoro debe ser fabuloso, pero lo que siento está ya más alla de todo eso. Es el ansia de la búsqueda, la visión del cazador, el que sabe que hasta que no derribe a su presa no podrá descansar tranquilo.

La obsesión llega tan lejos que, a veces, estando en cubierta, siento que lo que busco está tras esas leves nubes, o quizás en esa fina línea que se dbuja en el horizonte por poniente, o me lleva a coger el catalejo y subirme a la cofa de mayor a otear durante horas, descuidando mis labores de Capitán, por el ansia de ser el primero en descubrirla.

En los últimos días me ha asaltado la duda de si mis cartas serán correctas, de si una cruel broma del destino no habrá hecho que las mías, justo las mías, no incluyan los datos de deriva para calcular con precisión la posición de la isla. Presiento que para alcanzar el tesoro voy a tener que prescindir de las cartas y dejarme llevar por otra clase de brújulas.

Pero lo que más me inquieta es el sonido que suena en mi cabeza cada noche, cuando en la soledad del camarote intento conciliar el sueño. Es como si del otro lado del casco, la isla susurrase en mi oido mi nombre, y me llamase, haciendome propietario de todos sus encantos y tesoros, desafiandome a buscar con más ahinco, solícita e incitante. Es en esos momentos cuando me veo levantandome del coy y lanzandome a la carrera contra el casco para atravesarlo y abrazar mi isla.

Solo espero que el calor del trópico no esté volviendome loco o que, si los hados lo permiten, el grito del vigia nos salude con el deseado "Tierraaaaaaaaaa" cualquiera de estas mañanas.

miércoles, febrero 04, 2009

El persistente olor de la miseria

Hace casi un mes que me sumergí en las aguas pantanosas para cortar las amarras y liberar la caña del timón de los sargazos que lo aprisionaban.
Con esfuerzo y sinsabores conseguí sacar el barco de la rada y conducirlo a mar abierto, a aguas totalmente desconocidas.
Desde entonces me he dedicado a poner leguas entre aquel pozo de pobredumbre y mi persona. A eso y a limpiar el buque.
Navego de nuevo, el barco se mueve, ahora más rápido y veloz, durante este tiempo de espera he aprovechado para ver cosas que había que pulir y en ello tengo a toda la tripulación.
Estoy contento, he salido del infierno, y aunque no estoy en los mares que me hacen sentir seguro, me siento cómodo en la nueva singladura. Sonrío de nuevo, es más, las carcajadas han vuelto a inundar mi camarote. Me se rodeado de gente que me hace sentir mejor persona. Y vuelvo a sentir que el mundo esta al alcance de mi mano.

Pero no consigo eliminar del todo un cierto tufillo a putrefacción, a algo muerto que ronda en el ambiente.
No puedo dejar de sentir que mientras yo he conseguido abandonar mi miseria personal, innumerables fantasmas siguen atrapados en sus pesadillas. Algunas parecidas a las mías, muchas de ellas infinitamente peores. Por mucho que nos empeñemos en no verlo, no puedo evitar percibir, a veces, sus transparentes siluetas en una esquina de mi visión. Arrastrando sus cadenas sin nadie que se detenga, si quiera, a considerar su existencia.

Sigo alegre, debo dar gracias por lo bien que me trata la vida, que lo hace, y mucho. Pero quiero dedicarle este pensamiento al anciano que ayer rebuscaba en la basura de la carnicería, haciendo colección de las cabezas de cordero que otros habían desechado. O al tullido que hoy, bajo la fría y fina lluvia, ofrecía sus pañuelos a las ventanillas clausuradas de los conductores. A ellos y a todos a los que la vida les ha dado una patada en los huevos y ha condenado al olvido, la desesperación y la transparencia.

miércoles, octubre 15, 2008

Mos Eisley

Túneles bajos hacen de pasillos del garito y una extraña luz azul surge de no se sabe donde. La extraña música inunda la empalagosa atmósfera.

Siempre que estamos en sitios como este sabemos que no es aquí donde queremos estar, pero sin embargo una excitación adictiva inunda nuestra alma. Debe ser la sensación de saberse rodeado del peligro, de esa clase de mal que desprenden los que hace milenios aparcaron el interés por la vida humana, convirtiendolo en un dato accesorio que acompaña, pero no es imprescindible, a la cuenta de beneficios.

Sitios como este han existido siempre, en un tiempo se llamó Tortuga, hoy, para mi, es Mos Eisley.

Me muevo entre piratas y seres sin entrañas para los que todo es algo comerciable, solo hay que estar dispuesto a pagar su precio. Procuro apretar los dientes y el culo y pasar entre esta inmundicia sin coger demasiado olor, sin que me llegue a contaminar.

Solo deseo despegar de este antro y que los vientos estelares me lleven a planetes de atmosfera limpia y criaturas más amables.
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